NACIONALISMOS Y MINORIAS EN EUROPA

 

Indice


2.- Naciones y minorías en Europa: dimensiones del problema.
2.1.- La irrupción de las naciones en la vida internacional europea.
2.2.- Los sucesivos repartos de Europa en el siglo XX y el problema de las minorías.
2.3.- Cooperación y conflictos nacionales en la Europa de nuestros días.

2.3.- Cooperación y conflictos nacionales en la Europa de nuestros días.

El renacimiento de las aspiraciones nacionales, con frecuencia catalizadas por grupos o partidos nacionalistas, está provocando una nueva reestructuración geopolítica de Europa, tal y como ya ha ocurrido en períodos anteriores. Aunque la tendencia dominante en este nuevo reparto sea la aparición de nuevos Estados independientes, no siempre es así y, lo que es tanto o más importante, no siempre estas independencias se realizan de forma violenta. En efecto, en la última década (1989-1998) el impulso nacional ha propiciado la integración de los dos Estados alemanes en la R.F. de Alemania; se ha producido la desintegración pacífica de la URSS y de Checoslovaquia y la violenta fragmentación de la antigua República Federal de Yugoslavia. Todo ello sin contar con los procesos de transformación política y económica que han sufrido los países de Europa Central y Oriental, no siempre verdaderamente democratizadores en lo político ni desarrollistas en lo económico.

En términos generales, este amplio proceso de recomposición europea ha desencadenado siete graves conflictos armados: en Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Chechenia, Georgia, Moldavia y, actualmente, Kossovo, junto con numerosas crisis, como la del Transniester en Moldavia, la de Crimea entre Rusia y Ucrania, la de Macedonia con Grecia, la de Chipre entre Grecia y Turquía, aunque ésta se viene arrastrando desde la década de los sesenta o la de Kaliningrado entre Rusia y Lituania, por citar sólo las más significativas.

A ello habría que sumar los numerosos conflictos que pueden desencadenarse como consecuencia de las minorías nacionales que afectan a la inmensa mayoría de los países europeos, incluidos los occidentales. Como podemos apreciar en la tabla estadística que se adjunta, de los 21 países que se relacionan y de acuerdo con los datos de 1990, es decir antes del estallido de los conflictos armados, en 10 de ellos las minorías nacionales constituía más de una quinta parte de su población, siendo el caso extremo el de Bosnia- Herzegovina.

Si observamos la lista de los países que han experimentado conflictos armados desde entonces, podemos apreciar la estrecha correlación que existe con aquellos que poseen un alto procentaje de minorías: Bosnia-Herzegovina (46,2 %); Croacia (13,4%); Eslovenia (5,5 %); Federación Rusa (18,7 %); Georgia (30 %), Moldova (35,7 %), República Federal de Yugoslavia -Serbia y Montenegro- (24,9 %). Ello permite suponer que países como Bulgaria (23,1 %); Eslovaquia (34,9 %); Estonia (30 %); Letonia (35 %) o Ucrania (27,7 %), constituyen potenciales áreas de violencia, susceptible de degenerar en conflictos armados, si no se anticipan instituciones regionales de supervisión y control o soluciones estatales efectivas para lograr la plena integración política de estas minorías en sus respectivos países.

Una prueba clara de esta correlación la encontramos en la relación de países que fueron objeto de la actividad del Alto Comisionado para las Minorías de la OSCE durante 1997. De los 10 países europeos recogidos en el informe Anual de Actividades de la OSCE de ese año, seis de ellos (Estonia; Georgia; Letonia; República de Macedonia; República de Eslovaquia y Ucrania) poseían en 1990 más de un 20 % de su población formado por minorías. (22)

Junto a la gravedad de estas situaciones, los problemas suscitados por el nacionalismo o las minorías, en los países de Europa Occidental, aún siendo políticamente importantes, distan mucho de constituir una amenaza para la paz y la estabilidad de sus propios Estados y, por ende, del resto de Europa. Incluso cuando algunos de estos movimientos nacionalistas han optado por el empleo de la violencia terrorista o racista, como en el caso de los norirlandeses, corsos o vascos, el peligro que representan es cuantitativa y cualitativamente menor. A mayor abundancia, muchos de estos movimientos nacionalistas han optado por la negociación política y el juego electoral como principales instrumentos de sus reivindicaciones nacionales (bretones, catalanes, gallegos, gitanos en España, escoceses, galeses y, recientemente, irlandeses de Irlanda del Norte, tanto católicos como unionistas. Considerando todos estos datos, podemos afirmar que en el momento actual el objetivo prioritario de las investigaciones y análisis sobre las cuestiones de los nacionalismos y las minorías en Europa, debe concentrarse en el estudio y valoración crítica de las instituciones que están abordando ambos problemas y las soluciones que a escala regional se están adoptando, con el fin de potenciar aquellas medidas que se están demostrando más eficaces y, paralelamente, proponer nuevas iniciativas que eviten el estallido de los conflictos latentes. (23)

 

 

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