NACIONALISMOS Y MINORIAS EN EUROPA

 

Indice


1.- Naciones, nacionalismos y minorías: precisiones conceptuales e históricas.
1.1.- El polémico concepto de nación
1.2.- La permanente tensión entre el Estado y la nación.
1.3.- Los nacionalismos: ¿ideologías totalizadoras o totalitarias?.
1.4.- La confusa conceptualización de las minorías.

1.3.- Los nacionalismos: ¿ideologías totalizadoras o totalitarias?.

El análisis del concepto de nación y de la tensión dialéctica en sus relaciones con el Estado, nos facilitan abordar el tema de los nacionalismos, precisamente uno de los dos elementos esenciales, junto con el de las minorías, en el título de esta conferencia. En efecto, convendría comenzar por formular el significado que atribuimos al término nacionalismo para poder precisar luego su alcance y efectos en la vida de las naciones. Desde luego no hay que confundir el nacionalismo con la existencia de una conciencia nacional o de un sentimiento nacional. (12) En efecto, allí donde exista una nación, cada uno de los individuos que la integran tendrá conciencia y experimentará el sentimiento de pertenencia a esa colectividad nacional. Precisamente por ello, esa conciencia y sentimiento nacionales trascenderán la dimensión estrictamente individual y se proyectarán de forma colectiva, alimentando el desarrollo social de ambos y generando la conciencia nacional y el sentimiento nacional. Resulta interesante destacar que ambos elementos forman parte intrínseca del substrato cultural sobre el que descansa la nación y que entre ellos existen poderosos vínculos de reforzamiento mutuo. Así el sentimiento nacional, experimentado a través de ciertas manifestaciones colectivas (celebración del día nacional; exaltación de ciertos líderes políticos o intelectuales; etc.) y proyectado en ciertos símbolos (escudo, bandera, himno, folclore, etc.) representativos de la nación, tiene como uno de los resultados directos el que cada individuo, y el conjunto de todos los miembros de la nación, refuerce su conciencia de pertenencia nacional. Análogamente, esta conciencia de adscripción nacional propicia que cada actividad, individual o colectiva, que se realiza como parte de la nación adquiera un alcance un significado vivencial y una intensidad emocional que de otro modo difícilmente poseería. (13)

Si me he detenido en señalar la diferencia entre ambos términos con el del nacionalismo es precisamente porque éste instrumentaliza la conciencia y el sentimiento nacionales con fines netamente políticos, más exactamente con objeto de lograr la movilización política de la nación. Veamos esta afirmación con un poco más de detalle. El nacionalismo puede definirse como "la ideología política que vincula o asocia incondicionalmente la existencia de una nación con la de un Estado independiente en cuyo seno el grupo nacional sea exclusivo o, al menos, dominante." (14)

Como toda ideología política, el nacionalismo imbrica en su discurso interpretaciones racionales y científicas de la realidad con intereses políticos, creencias, valores y aspiraciones colectivas, extraidas del sustrato cultural que sustenta a la nación, pero cuya fundamentación resulta ser estrictamente psicológica o subjetiva. Esta dimensión ideológica del nacionalismo no entrañaría ninguna dificultad en la vida política de los Estados distinta de la que suscitan otras ideologías políticas (socialismo; liberalismo; federalismo; etc.).

El problema surge cuando analizamos el contenido de la ideología nacionalista. En efecto, para que esta ideología sea movilizadora en términos políticos, no sólo debe defender la identidad entre una nación y un Estado propio en donde aquella domine los resortes del poder pollítico, económica y cultural, además debe también alegar la discriminación, tanto interna como exterior, de toda colectividad que no pertenezca a la nación, así como la permanente oposición política, incluso con el empleo de la fuerza, frente al Estado en el que se encuentra inserta la nación y frente a los restantes grupos sociales con los que coexiste, alegando para ello una supuesta o real amenaza cultural que precariza la propia supervivencia nacional. En otras palabras, el nacionalismo es una ideología política desestabilizadora, interna e internacionalmente, porque aspira a una homogeneidad política y cultural en función de un único criterio: la adscripción a la nación. (15)

Naturalmente el nacionalismo utiliza la conciencia y el sentimiento nacionales como poderosos instrumentos de movilización política, al igual que utilizará cualquier otro componente básico de la cultura nacional, como la historia, la lengua, las raíces étnicas, la religión, el territorio o, llegado el caso, la propia estructura del Estado si el movimiento nacionalista ha llegado al poder. (16) En semejantes circunstancias surge la interrogante de si cabe la existencia de naciones sin nacionalismos. Sin duda la respuesta debe ser positiva salvo que o bien se interprete el término con una concepción distinta de la enunciada o bien se admita la ineluctabilidad de los enfrentamientos nacionalistas, al menos en un continente como Europa en el que la simbiosis entre una pléyade de comunidades nacionales se ha venido desarrollando históricamente desde hace dos siglos.

Es la existencia de los nacionalismos y no de las naciones la que dificulta la solución política del problema de las minorías en el seno de muchos Estados europeos. Allí donde no existe un poderoso nacionalismo, por ej. en Portugal, en Alemania o en Italia, o se encuentra limitado social y políticamente, como ocurre en Francia respecto del nacionalismo vasco, bretón o corso; en el Reino Unido, respecto del nacionalismo galés o escocés, y en España, respecto del nacionalismo gallego, catalán o vasco, es posible articular sistemas de organización democrática del Estado, bien sea con fórmulas políticas centralistas o federalistas, en los que cabe el reconocimiento y una protección efectiva de los derechos de las minorías.

Por el contrario, en los países donde concurren fuertes movimientos nacionalistas, como está ocurriendo en países como Estonia, Letonia, Croacia; Serbia, Bosnia-Herzegovina, Rusia, Moldavia, Eslovaquia, Macedonia, Hungría o Rumania, el conflicto y la desestabilización del Estado constituyen factores permanentes de la vida política interior y de las relaciones exteriores con los Estados vecinos. En semejantes casos, los derechos de las minorías se ven gravemente amenazados o lesionados y las oportunidades de desarrollo de un verdadero sistema democrático de la organización estatal resultan muy exiguas. (17)

En resumen, los nacionalismos, en tanto que ideologías políticas discriminatorias, llevan consigo el germen del totalitarismo. Que este germen llegue a desarrollarse o permanezca latente, no depende tanto del discurso nacionalista cuanto del contexto social, político y cultural en el que se inserta la nación, en cuyo seno ha emergido el brote nacionalista.

 

 

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