POLITICA EXTERIOR Y DE SEGURIDAD DE ESPAÑA EN 2003

 

7.- Balance general y perspectivas para el 2004

Sin duda, el año 2003 ha sido un período significativo en la orientación de la política exterior española cuyas consecuencias perdurarán en años posteriores, no tanto porque se hayan abierto nuevos rumbos como por el hecho de que se han adoptado decisiones que implican saltos cualitativos en las relaciones con Europa; Estados Unidos y el Magreb.

El legado de Aznar en la proyección exterior española posee luces y sombras, como suele ocurrir en la mayoría de los casos. Pero si realmente las luces se pueden apreciar con nitidez en las dimensiones de la seguridad, especialmente en el apoyo internacional a la lucha contra el terrorismo etarra y la participación en la OTAN y la PESD, las relaciones económicas, con la incorporación al euro, o la protección internacional de los derechos humanos, con el decidido apoyo español al Convenio de la Corte Penal Internacional, también son evidentes las sombras. En efecto, a las carencias del servicio exterior habría que agregar las limitaciones presupuestarias impuestas a los recursos financieros destinados a la cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria.

Si el análisis lo realizamos por áreas regionales, se pueden destacar avances importantes en la contribución española a la integración europea, el vínculo bilateral con Estados Unidos o el esbozo de una política mediterránea y magrebí coherentes. Mucho más escasos son los avances en las relaciones con Iberoamérica y Oriente Próximo, manteniéndose la tendencia de bajo perfil de relaciones con la Federación de Rusia y el á rea de Asia-Pacífico y, por supuesto, manteniendo la tradicional ignorancia oficial del Á frica subsahariana.

Las perspectivas para el año 2004 están condicionadas por el carácter electoral de este año, no sólo en España sino también en Estados Unidos. Durante los primeros meses del año, el Gobierno del Presidente Aznar no va ha adoptar nuevas iniciativas y el candidato por el Partido Popular, Mariano Rajoy ha iniciado algunas visitas políticas, como la realizada en Enero al Primer Ministro británico Tony Blair, con la clara intención de enviar un mensaje de continuidad en la política exterior española en el caso de que gane las elecciones.

Gane quien gane las elecciones, la experiencia de veinticinco años de democracia nos dice que la tendencia de todos los Presidentes de Gobierno en los primeros años de mandato es la de centrar sus esfuerzos en las políticas domésticas (sociales, económicas, territoriales, etc.). No obstante, el nuevo inquilino de La Moncloa, deberá decidir la posición española en algunos temas claves, como las negociaciones en Bruselas sobre los fondos para los próximos años y la continuidad del veto español respecto del proyecto de Constitución.

La situación respecto de la presencia de tropas españolas en Irak no cambiará hasta finales de año, pero habrá que decidir si se mantienen durante el 2005 a tenor de cómo evolucione el proceso de transferencia de poderes a las nuevas autoridades iraquíes.

Además la tendencia en el conflicto palestino-israelí no va a mejorar sustancialmente, incluso puede que empeore, y por tanto las iniciativas españolas y europeas para propiciar una negociación entre las partes deberán quedar postergadas. Es en las relaciones con Estados Unidos, Iberoamérica y el Magreb donde los resultados electorales pueden incidir más directamente pues es en estas áreas donde las posiciones de los candidatos del Partido Popular y del Partido Socialista Obrero Español están más distantes. De todos modos, como se ha podido apreciar durante la campaña, nuevamente se confirma la tesis de que los temas de política exterior siguen estando ausentes del debate político y del interés de la opinión pública.

 

 

 

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